Nihon Bunka: otakus por cuenta propia

En la cartelera del cine anuncian las diferentes actividades del Nikon Bunka. Foto: Fernando Medina Fernández / Cachivache Media.

Por: Zulema Samuel del Sol

El cine-teatro Sierra Maestra no es un lugar céntrico. Situado a un costado de la Feria Agropecuaria de Rancho Boyeros, en la periferia de la capital, queda relegado por el rodeo y los grandes puestos de comida. Sin embargo, durante los meses de septiembre y octubre varias docenas de muchachos se reunieron ante sus puertas cargando con videoconsolas y memorias flash.

Sin más promoción que un cartel en la entrada del cine, un post en el foro de la Wifinet y varias llamadas de los organizadores del evento, el grupo Nihon Bunka realizó el pasado 25 de septiembre la primera convención otaku del Sierra Maestra. Cerca de treinta personas participaron en las actividades desarrolladas en el reducido espacio del cine. Durante la primera hora todos se concentraron en el estrecho lobby donde se dispuso una rifa y una mesa con merchandising de mangas y cómics norteamericanos. La encargada de la rifa, una muchacha disfrazada de Neko, con orejas y manos de peluche, entregaba unas papeletas por el precio de 25 CUP que brindaban la oportunidad de ganar algunos CDs y pósters, y en caso de obtener el primer premio una figura 3D de Hatsune Miko.

Al lado de Neko estaba el stand de Richard Gutiérrez, encargado del merchandising dentro del evento. En su puesto había todo tipo de maravillas: las doce llaves del zodiaco utilizadas por Lucy en Fairy Tail, más de una docena de figuras de acción de superhéroes de la DC Comics, personajes de One Piece y Vocaloid, anillos de las aldeas de la serie Naruto, llaveros de Pikachu y pósters de Fairy Tail y Kurorko no Basket en su impresión original… Las ofertas de mayor calidad costaban entre quince y treinta dólares, mientras que las de pequeño formato y menor factura se vendían a uno, tres o cinco dólares. Estás últimas desaparecieron media hora después de que abrieran las puertas del cine.

A la izquierda algunas personas fotografían a algunas de las figuras antes de empezar el rally de ventas. A la derecha las llaves del zodiaco que aparecen en Fairy Tail. Foto: Fernando Medina Fernández / Cachivache Media.

Desde hace cinco años, Richard colabora con el grupo Nihon Bunka, con ciertos donativos y ventas. De los artículos que desde Estados Unidos un amigo le compra en Amazon, él cede los de mejor calidad para la rifa. Por ejemplo, la Miko de quince centímetros de alto, traída directamente de Japón, que ofrecen como premio principal. Pero su presencia no se limita a Nihon Bunka, Richard muestra sus ofertas a lo largo del año en todos los eventos otakus, lo mismo FreakZones que OtaFest, o cualquier otra actividad.

Wilfredo, Carlos y Gabriela, adolescentes menores de veinte años, vinieron desde el municipio Marianao en busca de las figuras coleccionables. Desde las 8:30 am esperaban ante las puertas del cine. Gabriela, una “otaku exprés”, tomaba varias figuras de acción, preguntaba el precio y regresaba con sus amigos. Entre todos revisaban sus billeteras y volvían al stand.

Frente al negocio de Richard, Wilfredo y Carlos recuerdan sus andanzas como revendedores de cartas de Yu Gi-Oh. Cuando cursaban séptimo y octavo grado, el padre de un conocido les entregaba el set completo de Yu Gi-Oh por setenta CUC, y ellos vendían las tarjetas más importantes del mazo. Solo con los Dragon Star recaudaban cincuenta CUC. Para ellos, todo el merchandising otaku en Cuba se sustenta en la oferta-demanda: “Si no hay muchas formas de accesos a estas cosas y está la oportunidad de sacarle más dinero, se le saca”.

Sin embargo, dentro de las formas de organización y los precios impuestos por Nihon Bunka, el caso de Richard es excepcional. Él es el tercer eslabón de esta cadena del merchandising. Primero está Amazon, luego el contacto que trae los artículos otaku a Cuba, y por último él, que establece los precios de venta en la Isla. El dinero obtenido en sus stands no se divide con ninguno de los organizadores del evento. Su relación con el grupo solo se establece mediante la rifa: ofrece los primeros premios y luego colecta el precio original del producto de lo recaudado en el sorteo, mientras que el excedente obtenido se destina al fondo común de Nihon Bunka.

Figura de Hatsune Miko rifada en el evento del 25 de septiembre de 2016 en el cine teatro Sierra Maestra. Foto: Fernando Medina Fernández / Cachivache Media.

Detrás de la fachada

En los últimos tres años, en su búsqueda de un mayor reconocimiento institucional, Marcel Pérez Perdomo, presidente de Nihon Bunka, se ha centrado en legalizar todos los eventos del grupo, al que define como “una asociación sin fines de lucro que no reparte la totalidad de las ganancias entre sus miembros, sino que reutiliza la mayor parte de los ingresos para futuras actividades que tributen a la inserción de la cultura nipona en Cuba”.

Nihon Bunka tiene nueve miembros. Por una parte, están los integrantes rotativos que se encargan de tareas que no generan grandes ingresos, como son los Torneos Xbox, los conversatorios y encuentros de conocimientos. Por otra están los administradores de las expoventas, “el alma económica del grupo” a decir de Marcel Pérez.

De esos nueve miembros, siete ostentan licencias de cuentapropistas y organizan las ventas asociadas a ellas. Por ejemplo, Maray Esperón se encarga de los maid café bajo su licencia para venta de alimentos ligeros. Marcel Pérez se ocupa de los stands de revistas temáticas de manga y anime, con su licencia de comprador/vendedor de libros de uso. Mientras que las ofertas de mercadotecnia otaku se montan dentro de la licencia comercialización de artículos de fiesta de Richard Gutiérrez. Todos están autorizados a desarrollar sus actividades por la administración del cine o cualquier otra institución donde se hagan las convenciones. Además, son ellos quienes se encargan de pagar la retribución a la ONAT.

Al final de cada mes los integrantes del grupo reúnen el dinero conseguido durante las actividades. De este total se extrae un por ciento para rellenar el fondo común que Nihon Bunka destina para organizar los próximos eventos. Marcel cuenta que “en el año 2011 se hizo un fondo común de seis mil CUP y desde entonces tratamos de rellenar esta suma. Cuando el fondo está completo, dividimos el dinero entre las personas del staff que tienen licencia”.

Los videojuegos fueron parte del plato fuerte del evento. Niños de diez años se enfrentaban a adultos de treinta a través de los personajes de Naruto. Foto: Fernando Medina Fernández / Cachivache Media.

Con este sistema, se distribuyen los ingresos semanales del grupo que “rondan los quinientos o seiscientos pesos, con excepción de los festivales nacionales que organizamos, donde podemos recaudar entre dos mil o tres mil CUP”, añade. Dentro de este monto no se incluye el 50 por ciento que les corresponde de la recaudación de la taquilla, que ceden en su totalidad a la administración del local.

En esta suma tampoco suelen incluirse los diez pesos a pagar por cada participante del Torneo Xbox, ya que la videoconsola que utilizan se les alquila a particulares por cinco dólares al día y las ganancias del torneo no suelen exceder esta cifra. El sábado 25 de septiembre, por ejemplo, el grupo obtuvo 240 CUP durante el torneo y 60 CUP la semana siguiente.

Del caption al cine

En los últimos años han surgido en nuestro país disímiles grupos asociados a la cultura otaku. Si bien ninguno de ellos es reconocido por el Estado como una organización, sí mantienen relaciones con las instituciones cubanas. Las formas que han encontrado de alcanzar cierto reconocimiento ha sido mediante las licencias de cuentapropistas que sustentan legalmente las ventas en los Festivales y actividades mensuales. También están los convenios con diferentes instituciones culturales como es el caso del acuerdo de OtaFest con el Festival Love In y la Oficina del Historiador, el de Habana Cosplay con el Instituto Superior de Arte o el de Nihon Bunka con el Maxim Rock y el Jardín Botánico Nacional.

Arriba, uno de los organizadores prepara un proyector en el cine. Abajo a la izquierda, un joven intercambia por el Zapya aplicaciones y música de anime. A la derecha, tres niños disfrutan de proyecciones junto a su abuela. Foto: Fernando Medina Fernández / Cachivache Media.

Este panorama tiende a especializarse en la medida en que los grupos se concentran en una actividad específica. Hiraki Guild, organizadores de la Freak Zone y el OtaFest, han integrado a sus Festivales Nacionales los movimientos otakus de provincias como Matanzas, Villa Clara, Pinar del Río y Camagüey. Por su parte, Nihon Bunka se ha centrado en actividades que tributen a la cultura japonesa en su totalidad, desarrollando otros eventos independientes de sus convenciones semanales en cines y lugares similares. Mientras tanto, Havana Cosplay funge como un puente entre las comunidades de cosplayers capitalinos y estos eventos más generales.

Al igual que sus análogos, Nihon Bunka ha impactado –pese a algunos tropiezos– en el ecosistema cultural cubano. El grupo surge el 10 de octubre de 2008 con el objetivo de subtitular al español series animes y mangas. Su fundador y presidente, Marcel Pérez, descargaba estos audiovisuales en hoteles y oficinas de ETECSA en las que tenía ciertos contactos. Durante un tiempo se dedicaron únicamente a montar en Photoshop los subtítulos que descargaban, y luego a realizar por sus medios las traducciones, hasta que en el 2009 se aventuraron a organizar eventos de temática otaku.

Su rito de iniciación fue un Festival en los centros universitarios de Las Tunas, con la participación de provincias orientales como Holguín, Guantánamo y Granma. Luego, en marzo del 2010, gestionaron el Maxim Rock como sede de actividades semanales, con un formato parecido al que manejan actualmente en el cine Sierra Maestra. Eran eventos simples centrados en las expo-ventas, los torneos Xbox, las proyecciones de videos clips o anime music videos, acompañados ocasionalmente por conciertos de rock.

Muchos jóvenes encuentran en estos eventos espacios de socialización donde encuentran a personas con sus mismos intereses. Foto: Fernando Medina Fernández / Cachivache Media.

A partir del 2012 y hasta el 2014, organizaron unos festivales anuales bajo el nombre de Anime Shuriken. Estos eventos se realizaban a lo largo de un solo día, durante 12 horas. En ellos conjugaban los cosplays, las actividades de artes marciales, torneos, encuentros de conocimientos sobre el mundo otaku, conversatorios, y durante 2012 y 2013, conciertos de la banda de rock melódico Hipnosis.

En el mismo 2012 iniciaron un convenio con el Jardín Botánico Nacional para realizar exposiciones de artes marciales: las Batallas Campales. Allí unas cincuenta personas se dividen en dos grupos y realizan combates amistosos con armas prestadas por la Embajada de Japón. Mediante estas iniciativas conmemoran la batalla nipona de Sekigahara, suscitada el 21 de octubre del año 1600 en Japón.

Para el 2014 extendieron el Anime Shuriken a otras regiones del país, desplegando varias de sus presentaciones en el Museo de la Imagen en Santiago de Cuba, el Cine Luisa en Cienfuegos y el Cine Caribe en la Isla de la Juventud.

Con la clausura por reparación del Maxim Rock cesaron las presentaciones públicas de Nihon Bunka durante dos años. Actualmente buscan otros locales que puedan brindar una autonomía similar a la del Maxim, pero se hace difícil. “Escogimos el cine Sierra Maestra porque tampoco nos gusta detener nuestras actividades durante mucho tiempo”, explica su presidente.

Mientras sigue la búsqueda, el Sierra Maestra les brinda la oportunidad de realizar eventos de pequeño formato y desempolvar poco a poco antiguas prácticas del grupo. Ejemplo de ello es el concierto Vocaloid y una pequeña presentación de cosplays que realizaron el pasado 8 de octubre.

Pese a la proyección de Nihon Bunka y otros grupos centrados en la cultura japonesa, varios de sus seguidores demandan actividades con mayor nivel de convocatoria. Wilfredo, un “otaku y metalero” que frecuenta estos eventos espera un festival con mayor afluencia de personas. Para él tanto en los OtaFest como los Anime Shuriken se mostraron varias ofertas, pero no alcanzaron la esencia de las convenciones que él siempre ha imaginado. Quiere “un festival de verdad, con la gente caminándote por arriba, diciendo permiso, permiso”.

Él y otros fanáticos quieren ser reconocidos por las comunidades del resto del mundo. Entre ellos circulan varias historias como la de las amistades de Carlos, de 18 años, que sorprendieron el año pasado a varios vendedores nipones mientras compraban mercadotecnia de anime y manga en Japón, “porque los japoneses no sabían que en Cuba hay tanto movimiento otaku”.

Los personajes de One Piece ocupaban una gran parte del merchandise ofrecido por Richard Gutiérrez. Foto: Fernando Medina Fernández / Cachivache Media.

Pero para alcanzar el impacto al que ellos aspiran se necesita en primer lugar un apoyo estatal que exceda los convenios aislados y el reconocimiento a puerta cerrada de estas iniciativas. Después de todo, la mayoría de los seguidores de estos eventos desean integrarse y ensanchar las comunidades que años atrás no tenían otros espacios que los patios de algunas escuelas o la sala de algún amigo.

La realidad de Nihon Bunka es común a todo el ecosistema otaku. Sus formas organizativas, si se miran desde la distancia, los hacen parecer un circo itinerante. Malabaristas de licencias por cuenta propia, verdaderos contorsionistas ante las negativas estatales, magos que aparecen y desaparecen entre cines, teatros y salas de concierto. Mimos y traga fuegos ante los procesos burocráticos. Un espectáculo que deambula entre las carpas sobrantes.