La vuelta al rollo

Ilustración: Mayo Bous / Cachivache Media.

Por Alejandra Angulo Alonso

El arte no ha sido inmune a la explosión digital que tocó las puertas de todo lo analógico. En un mundo que se plegó con beneplácito ante el imparable desarrollo tecnológico, cabe preguntarse si la fotografía analógica sobrevive como una expresión más de lo retro, o si ha renacido como una manifestación artística que complementa lo digital.

Hemos visto, desde hace algún tiempo, como el gusto por lo vintage se vuelve inevitable. Así tenemos el retorno del vinilo, del cassette e incluso del VHS, entonces… ¿por qué no también la resurrección de la fotografía analógica?

Hoy podemos sacar mil fotos con nuestros teléfonos celulares, verlas, compartirlas en las redes al instante y guardarlas en una carpeta en el escritorio. Pero recuerdo vagamente otros tiempos, cuando la vida se vivía con calma y tomar fotos no era un proceso tan simple.

El rollo fotográfico daba poco espacio para malgastar oportunidades. Las fotos tenían que revelarse en un laboratorio y después, en vez de copiarlas en una carpeta o subirlas a Instagram, se guardaban en álbumes, todo un proceso que las hacía preciadas. En los últimos tiempos, donde lograr la foto perfecta deja casi de ser un misterio, la fotografía analógica se presenta como una alternativa para jóvenes aficionados o artistas del lente que apuestan por esta tecnología retro.

Como el resto de las modas, el look analógico está de vuelta. Lo podemos comprobar con el regreso de la cámara para cineastas Super 8 de Kodak, firma que en el año 2012 se declaró en bancarrota. Los consumidores comunes encontramos las cámaras instantáneas, muy de moda en los últimos tiempos: la Polaroid regresa a escena, de manera que las Instax Mini 8 de FujiFilm constituyen hoy el furor de jóvenes y adolescentes.

Actualmente, existen más de 8 millones de personas que utilizan el hashtag #35mm en redes como Instagram, especializada en fotografía, mientras que más de un millón emplea el #35mmfilm.

Pero con cámaras digitales al alcance de todos, ¿por qué ha surgido este nuevo furor por lo analógico, sobre todo entre los millenials? ¿Será porque nos hemos rendido ante las facilidades de lo digital y ahora necesitamos experimentar la incertidumbre de la demora, el lento nacimiento de la imagen o ese proceso químico al que los megapíxeles le dieron muerte?

Gil Pasternak, investigador del Centro de Investigación en Historia de la Fotografía de la Universidad De Montfort (Reino Unido) plantea que existen diversas razones para explicar este regreso; una de ellas radica precisamente en que algunos “nativos digitales” entran en la fotografía analógica por el proceso, el cual consideran sumamente creativo e experimental. Otra cuestión es que muchos se sienten nostálgicos por este tipo de fotografía, regresan a ella para reconectar con un pasado familiar. Un grupo diferente asocia lo analógico con la creatividad y la estética, mediante el uso de una gama diversa de productos, papel de color con negativos de blanco y negro, y la exposición del papel fotográfico a la luz.

Se disfruta el resultado, pero también el viaje

Por otra parte, Geoffrey Belknap, historiador de la cultura visual de la Universidad de Leicester (Reino Unido) y autor del libro From a Photograph: Authenticity, Science and the Periodical Press, 1870–1890, explica que no se trata de una vuelta total hacia las tecnologías analógicas, sino que estamos recordando su valor.

The Impossible Project es la prueba de que la instantánea aún no ha muerto. Cuando Polaroid anunció el fin de la fotografía instantánea en 2008, esta compañía compró la última fábrica días antes de que cerrara, con la intención de reinventarlas. Hoy son las únicas personas en el mundo que realizan películas instantáneas de formato original, tanto en color como en blanco y negro, para las cámaras Polaroid 600, SX-70 y Image / Spectra, así como películas de gran formato 8x10.

“Creemos en hacer fotos reales. Fotos con vida después de que el disparador haga clic. Fotos que se desarrollen en la palma de tu mano, listas para fijar a la pared o dar a un amigo. Es por eso que hemos pasado ocho años trabajando en nuestra fórmula cinematográfica. Es por eso que estamos reinventando la fotografía instantánea analógica en un mundo digital”, explica el sitio web de The Impossible Project.

Pero veamos la realidad un poco más cercana… ¿el gusto por la fotografía analógica también estará emergiendo en los fotógrafos cubanos? Nancy Angulo Valdés, colorista y profesora de fotografía del Instituto Superior de Arte (ISA) y de la Escuela Internacional de Cine y Televisión (EICTV), tiene sus opiniones al respecto.

“No creo que exista en Cuba esa fuerza respecto a lo analógico, pero sí hay jóvenes del mundo audiovisual que se interesan por probarlo; les llama la atención como fundamento teórico y práctico. Todas las nuevas tecnologías, sean de la rama que sean, siempre vienen sustentadas sobre las anteriores. El desarrollo siempre se sustenta sobre lo viejo y así sucede en el cine, entonces, a veces para entender mejor el digital uno tiene que vivir ese de analógico; yo misma soy una persona que crecí con el analógico, me desarrolle con él y viví el periodo de tránsito hacia el digital”.

Pero la falta de materiales fotoquímicos y de equipamiento en Cuba hace que esta afición sea casi imposible. Al respecto, Angulo comenta: “Por mis venas corrió lo analógico; mi formación es química, yo construí imágenes en un cuarto oscuro, disfruté revelarlas y pintarlas, imágenes en blanco y negro e imágenes sepia. Hacía un Photoshop prehistórico y único, porque era irrepetible y manual. Pero hoy ya eso no lo puedo realizar porque todo se dificulta mucho, no hay papel o químicos, además, se detuvo la fabricación de ampliadoras y de cámaras 35”.

Actualmente, los últimos lotes en el país se encuentran en las escuelas de arte; el motivo, según Nancy Angulo, es que cuando un alumno ve como se forma una imagen desde abajo entiende mejor los procesos de digitalización y se convierten en mejores creadores.

Mientras nuestra generación se debate entre la inmediatez del mundo digital y la adicción vintage de la fotografía análoga, recordemos una frase del fundador de Polaroid, Edwin Land, que tal vez pueda servirnos de guía: “No emprendas un proyecto a menos que sea sumamente importante y casi imposible”.